Horacio Quiroga

El arquitecto que entró a la Vigil por el aula

Murió Horacio Quiroga y desde el Archivo lo despedimos volviendo a los documentos, planos, fotos y testimonios que él mismo ayudó a producir haciendo comprensible muchos de los materiales y espacios que habitamos y nos habitan cada día en La Vigil.

Llegó un día de 1965 invitado por Rubén Naranjo y Osvaldo Boglione, para integrar el plantel docente de la Universidad Popular. Dictó clases de “Historia del Arte” I, II y III en la Escuela de Artes Visuales y, por algún tiempo, “Integración Cultural” en la Escuela de Teatro. El primer registro que tenemos es un pequeño recorte del diario La Capital de octubre de 1965 anunciando las actividades programadas por el 85° aniversario de la Biblioteca Popular Bartolomé Mitre. Entre otras, se anuncia la charla: “La pintura actual. Orígenes y aspectos con proyección de diapositivas, a cargo del Prof. Horacio Quiroga”.

En esa tarea estaba cuando, a mediados de 1968, Biblioteca Vigil lanza el Concurso Nacional de Croquis preliminares y anteproyectos con auspicio del Centro de Arquitectos de Rosario. En los años previos se habían comprado casas y terrenos llegando al dominio de la media manzana de Alem, Gaboto, 1° de Mayo y pasaje Perkins. Horacio se había graduado en 1966 y todo su recorrido proyectual transcurrió en el Taller de Hilarión Hernández Larguía, formación continuada por los prestigiosos cursos del Instituto Interuniversitario de Especialización en Historia de la Arquitectura. Los primeros trabajos realizados en el estudio del subsuelo del 625 junto a Carlos Borsani y Susana Saball, su cargo como auxiliar docente en la Escuela de Arquitectura de la UNL y el consabido viaje a Europa, aportaron los sentidos prácticos y estéticos de la época.

El 19 de marzo de 1969, en el local del Centro de Arquitectos, Augusto Duri y Jorge Fernández Romero entregaron el primer premio a Carlos Borsani y Horacio Quiroga. Ganarlo no era un asunto menor en las expectativas que entonces generaba La Vigil: se presentaron unos 250 estudios de todo el país. En la primera instancia quedaron seleccionados seis, entre ellos los de varios de sus propios profesores. La propuesta que llevaron se armó a partir de una estructura diseñada por módulos flexibles que entendía con lucidez qué se estaba construyendo en el barrio Tablada: no un edificio terminado sino uno que iba a seguir cambiando, porque adentro sucedía un colectivo que no paraba de crecer y diversificarse.

En adelante, Quiroga trabajó dentro del Departamento Construcciones, la estructura propia con la que la organización levantaba sus obras, con secciones de herrería, carpintería, imprenta, automotores y mantenimiento. Ahí la escala de su trabajo se vuelve difícil de imaginar hoy: iba de la estructura de nueve plantas al objeto que se apoya en una mesa. «Yo había diseñado hasta los portaceniceros con el logotipo de La Vigil», contaba, y agregaba algo que explica todo lo demás, «trabajábamos con mucha pasión porque nos sentíamos involucrados». Del mismo período son el proyecto para la delegación de Santa Fe y la obra de calle Salta al 1800 en Rosario, un edificio destinado a premio de las rifas que estaba muy avanzado cuando llegó la intervención y quedó en manos de una compañía de seguros.

Hubo muchos otros edificios: algunos pensados, otros llevados a planos en infinitos borradores, otros terminados en todas sus etapas, otros en construcción hasta 1977. En verdad, Horacio nos deja enormes edificios de memoria con escenas tan vivas que incluso al presente integran el guion de nuestros recorridos guiados. Por ejemplo, cuando estamos descendiendo a los subsuelos y el agua aparece por todos lados, recordamos que, a fines de los ‘60, en una inspección de rutina a la obra en marcha ya sobre la esquina de Alem y Gaboto, el equipo que él dirigía se encontró con geiseres de dos metros saliendo de las juntas de los mosaicos. Consultaron a la prestigiosa geóloga Pierina Pasotti (UNR), quien informó la existencia de una lenteja de agua que nacía cerca del cementerio La Piedad, pasaba justo por debajo de la Vigil y desembocaba en el Paraná. La institución respondió con un sistema permanente de bombas hidráulicas pero la dictadura no sostuvo ese trabajo y hacia 1979 los subsuelos se inundaron con regularidad dejando bajo agua algunas historias en las que seguimos buceando. Cuando alguien pregunta qué es ese ruido de fondo y por qué hay agua por todos lados, la respuesta la presta Horacio narrada como una vieja película del mejor cine italiano: “La lenteja de agua de la Pierina Pasotti”.

Otra escena toma lugar en un angosto pasillo. En una larga entrevista de 2023, Horacio no solo revisó con nosotros planos y cajas sino que caminó los espacios y dependencias. La mirada encendida cuando súbitamente reconocía algún objeto o lugar, pronto cambiaba al extrañamiento total. Eso sucedió en ese corredor angosto abierto entre el edificio del servicio bibliotecario y el lindante que distribuía los pisos de la otrora Universidad Popular. En ese límite “intervenido”, el arquitecto se quedó mirando. Un tanto sorprendido decía: “De todo esto no me acuerdo de nada, y de esto tampoco», señalando las paredes de un lado y del otro. Luego sentenció: “No. Esta cosa asquerosa yo no la hice”. Cada vez que pasamos por allí, preguntamos: “¿Quiénes levantaron estas paredes?” Muchos, ya intuyen la respuesta.

La última escena, finalmente, cobra un peso especial en estos tiempos de banalización, negacionismo y reivindicación de los crímenes cometidos durante el terrorismo de Estado. Su contundencia tiene menos de horror que de fuerza simbólica y ocurrió un día que el arquitecto volvió después de la intervención de 1977 y todavía en plena dictadura. No recuerda si antes pidió “una cita al Comando” o fue directamente por calle Gaboto. Sí recuerda que por esa entrada lo recibió un teniente coronel retirado que le preguntó qué lo traía por ahí. Explicó que había trabajado en el Departamento Construcciones, dio algunas referencias y dijo lo que iba a buscar: quería recuperar sus planos. El militar llamó a un soldado para que lo acompañara. Llegaron a la puerta, él intentó abrirla y no pudo. No podía abrirla por la cantidad de planos tirados en el piso del otro lado. Alguien se había tomado el trabajo de sacar los originales en papel vegetal uno por uno, hacerlos un bollo y tirarlos. No había un solo plano sano. El proyecto de la Vigil estaba destruido: su idea, su diseño, sus materiales, su gente, ya no estaban.

Pasó la dictadura y un rato largo (muy largo) de democracia que a la Vigil llegó mucho tiempo después. Horacio volvió a entrar, esta vez sin pedir permiso y sin soldado que lo acompañara, a mirar planos y cajas con nosotros. De aquellos originales no quedó ninguno, pero en la planera del archivo hay hoy un fondo documental que lleva su nombre junto al de Borsani en proceso de catalogación. El archivo construye y cuida estas historias. Mejor aún, las comparte.

Gracias, Horacio. Nos vemos en el archivo y en la memoria cada recorrido guiado.

Fuentes documentales

Archivo Histórico de la Biblioteca Popular Constancio C. Vigil (AHBV). Serie Registro de actividades institucionales.

AHBV. Fondo Borsani-Quiroga, planos del edificio sede (en catalogación).

AHBV. Archivo Oral. Entrevista a Horacio Quiroga, arquitecto del Departamento Construcciones, 17 de febrero de 2023, y entrevistas realizadas en el marco del PID-UNR “Historia educativa, patrimonio y giro archivístico: la (re)construcción del archivo histórico de ‘la Vigil’, sitio de memoria del terrorismo de estado», Dirección: Natalia García (UNR-IECH).

Blanc, M. C. (2025). Una escuela y su red. La formación de los arquitectos y la producción de conocimiento en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Nacional del Litoral (1953-1971) [Tesis doctoral, Universidad Nacional de Rosario]

García, N. (2014). El caso Vigil. HyAEdiciones.